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¡No me toques!

Virginia Hernández
Nunca he soportado el mínimo roce en mi piel. Me pone nerviosa, en alerta, como si estuviera en peligro. Siempre me dicen que soy una exagerada, que no es para tanto, y que soy muy exigente, hasta me han llamado tirana.
En mi infancia he tenido muchos problemas, en casa, en el colegio, en el parque…
No aguantaba asearme ni vestirme, sobre todo con ropa que lleve pelo o lana y siempre me quejaba cuando estrenaba alguna prenda, por este mismo motivo alguna bronca en casa me he ganado.
En el cole y en el parque era peor, no jugaba con ningún niño y muchas veces no querían acercarse a mí ya que me volvía agresiva, les pegaba y les mordía sin motivo aparente. Mientras todos los niños de mi edad podían jugar a cosas más relajadas y todos juntos, yo necesitaba actividad, me encantaba trepar a los árboles y juegos de lucha y bruscos por lo que algunas veces me han llamado “marimacho”.
Aun así, ese tipo de actividades son las que más me relajaban y lo siguen haciendo, cuando me encuentro un poco más nerviosa de lo habitual y no soporto el roce de la camiseta, los calcetines que llevo, los zapatos, el roce de mi pelo en la cara, me voy a practicar taekwondo y salgo más relajada.
Otra cosa que he observado en mí es, que cuando voy a sitios donde hay mucha gente, como en los centros comerciales, me agobio. El simple hecho de pensar que en cualquier momento me pueden rozar o puede venir alguien por detrás me causa mucho estrés.
Siempre han pensado que los problemas que tengo son de conducta, he sido una maleducada, una gamberra, una tirana. Y aunque he estado en manos de varios profesionales y he ido mejorando nunca había encontrado la solución o algo que me identificase hasta hace poco. En una de mis amplias búsquedas por Internet encontré un artículo que hablaba de algo en lo que me sentía profundamente reflejada. Se llama defensividad táctil.

¿Qué es la defensividad táctil?

La defensividad táctil es la tendencia de percibir como dañinas sensaciones táctiles que la mayoría de las personas ni notamos, es decir, las personas con defensividad táctil son más sensibles a estímulos táctiles que los demás. Les cuesta más el contacto inesperado, por ejemplo, el contacto social. Las sensaciones del tacto ocasionan una alteración considerable en su sistema nervioso y producen emociones y comportamientos negativos.

¿Qué podemos hacer ante esto?


  • Respetar el espacio personal. 
  • No imponer contacto físico.
  • Evitar actividades que incluyen contacto físico suave.
  • Proporcionar presión intensa y actividades que requieren resistencia.
  • Buscar ayuda de un profesional cualificado y formado en integración sensorial para que realice una evaluación exhaustiva y proporcione las mejores estrategias y recursos según el caso personalizado.

En Centro Esnia contamos con una terapeuta ocupacional formada en integración sensorial que intervendría en estos casos para mejorar la calidad de vida de estas personas.



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