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Ante los problemas de conducta de los niños, ¿qué podemos hacer?

Esther Serrano
Todos hemos oído hablar de las rabietas, o como padres o profesionales que trabajan con niños, las hemos experimentado. Nos referimos a esas explosiones en las que los niños lloran intensamente, a veces gritan, patalean y parecen perder el control sobre sí mismos.

La presencia de rabietas se considera normal en los primeros años de desarrollo, y progresivamente, a medida que los niños van madurando, mejora su capacidad de comunicación y tienen más estrategias de regulación emocional y autocontrol, van disminuyendo su frecuencia hasta prácticamente desaparecer.

Pero, ¿qué ocurre cuándo la frecuencia e intensidad de las mismas no disminuye con el tiempo sino que casi podríamos decir que va aumentando?

¿Qué ocurre cuando el niño en cuestión ya no está en sus primeros años de desarrollo y esas rabietas se van transformando en otro tipo de conductas como peleas, mentiras, no acatar las normas, explosiones de ira…?

En estos casos hablamos de problemas de conducta infantiles, cuya presencia genera emociones negativas en padres, profesores y compañeros de los niños implicados.

Es difícil determinar por qué se mantiene un determinado problema de conducta, a menudo tiene que ver con una mezcla entre determinadas características de los niños (más nerviosos, impacientes, impulsivos, irritables, con dificultades de atención…) y determinado contexto, nos referimos al modo en el que funciona el entorno en el que está el niño (familia, colegio, grupo de amigos…).

El peso de cada entorno es diferente en función de la edad de los niños, así, en edades tempranas, será la familia la que tenga una mayor influencia, seguida del entorno escolar, pero si avanzamos hasta la adolescencia, encontramos un gran peso en el grupo de amigos.

Frente a esta situación, ¿qué podemos hacer?

Es importante prestar atención cuando aparecen manifestaciones de este tipo que sean demasiado frecuente o intensas, o cuando se prolonguen bastante en el tiempo. Detectar estas conductas de forma temprana facilita una intervención también temprana, y posibilita llevar a cabo programas dirigidos a padres y madres pero con el objetivo de reducir las conductas problemáticas de los hijos y potenciar las conductas prosociales, mejorando las relaciones familiares.

En esta línea es muy importante que los padres pongan mayor énfasis en las conductas positivas de los niños, que se comuniquen con ellos de forma adecuada y que conozcan el por qué de algunas estrategias, ya que eso mejorará el uso que hagan de las mismas.

En Centro Esnia llevamos a cabo un programa de intervención grupal para padres dirigido a trabajar con problemas de conducta de inicio temprano.

Artículo publicado en "La Crónica de Salamanca"

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