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¿Por qué nos movemos cuando estamos nerviosos?

Virginia Hernández
Siempre he sido una persona muy movida, aunque trate de estar quieto no puedo. Me siento ocioso y me cuesta prestar atención cuando he estado un rato sin moverme, por eso cuando tengo que estudiar o realizar algún trabajo, no paro quieto. Me levanto, me siento, camino por la habitación… en fin, cambio de posición y de lugar en varias ocasiones.

Sé que estas conductas no son adecuadas cuando estoy con más gente, por ejemplo, en clase, en una reunión de trabajo, etc., por lo que en esos momentos, para poder concentrar mi atención en lo que está pasando, sentado en la silla no paro de mover las piernas y los pies por debajo de la mesa. En ocasiones y casi sin darme cuenta, me toco algunas partes del cuerpo, como el hombro o el brazo y aprieto fuertemente hasta casi hacerme daño. En otros momentos cruzo los brazos y los aprieto tan fuerte que llego a sentir hormigueo en mis manos.  Cuando noto esa sensación soy consciente de lo que estoy haciendo y relajo un poco.

La razón de mi tendencia a realizar este tipo de conductas quizá sea porque soy poco sensible al movimiento, es decir, necesito más movimiento que los demás para mantenerme alerta, algo que puedo obviar la mayor parte del tiempo. Sin embargo, en situaciones de estrés, cuando estoy más nervioso, cuando asisto a una reunión o a un examen, por ejemplo, necesito moverme mucho más de lo habitual. En otras palabras, mi sensación de bienestar ha dejado de ser una impresión confortable y necesito usar estrategias que me devuelvan a ella.”

En nuestra vida diaria todos necesitamos estrategias sensoriales que nos ayuden a equilibrarnos y encontrar la sensación de bienestar cuando la perdemos. A esto lo llamamos lograr el equilibrio sensorial. Este equilibrio depende de nuestra neurofisiología, del ambiente en el que nos encontramos y de las actividades que realizamos. Cuando estas tres áreas son armónicas nos sentimos equilibrados, cuando no lo son, buscamos estrategias para lograrlo.

El equilibrio sensorial es la habilidad de usar estrategias para organizar la sensación interna y externa para funcionar con éxito en la vida diaria. Las estrategias nos ayudan a organizarnos y mantienen y optimizan nuestro desempeño funcional en la vida diaria. Estas estrategias pueden ser muy variadas y pueden ser no conscientes, como por ejemplo, morder un lápiz, movernos, rascarnos, comer, tirar de las etiquetas de la ropa, mascar chicle; y también conscientes, que elegimos realizar, como montar en bici, salir a correr, escuchar música, leer.

La forma en que procesamos la información sensorial afecta a nuestro equilibrio sensorial y por lo tanto tendremos que buscar las estrategias conductuales adecuadas para mantener nuestra sensación de bienestar. (E Blanche)

El problema deriva cuando existe una dificultad en el procesamiento de esa información sensorial y por lo tanto no somos capaces de buscar las estrategias que nos mantienen en equilibrio sensorial afectando así a nuestras actividades de la vida diaria. Este problema hay que evaluarlo y tratarlo desde pequeños en manos del profesional pertinente, en este caso un Terapeuta Ocupacional.

En Centro Esnia valoramos e intervenimos en este tipo de problemas.

Artículo publicado en "La Crónica de Salamanca"

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